Testosterona baja: por qué deberías hablar con tu médico en lugar de dudar

Fuente: U.S. National Library of Medicine
Testosterona baja: por qué deberías hablar con tu médico en lugar de dudar
Foto: DarkoStojanovic / Pixabay

Probablemente pienses que la testosterona baja es un problema para el que necesitas acudir a un especialista, pedir cita con un mes de antelación y hacer cola. ¿Y si te dijera que tu médico de cabecera puede manejarlo? ¿Suena a ciencia ficción? Pues un grupo internacional de expertos se reunió precisamente para debatir esto y llegó a una conclusión inesperada: la mayoría de los hombres con esta afección pueden recibir ayuda en atención primaria, con un terapeuta o médico de familia.

Por qué tu médico de cabecera no es la última persona a la que deberías acudir

El caso es que la deficiencia de testosterona (o, científicamente, su déficit) no es algo raro o exótico. A menudo va de la mano de lo que solemos considerar problemas "comunes": sobrepeso, diabetes tipo 2, fatiga constante y estado de ánimo bajo. Y de todo esto se encargan precisamente los médicos de cabecera. Además, con quejas como pérdida de energía, disminución de la libido o problemas de erección, los hombres suelen acudir a ellos, no al urólogo o al endocrinólogo. Simplemente, antes nadie explicaba bien a los médicos cómo trabajar este tema. Ahora hay recomendaciones claras.

Qué dicen los expertos: lo esencial

Para elaborar estas recomendaciones, se reunieron en Ámsterdam médicos de diversas especialidades: terapeutas, endocrinólogos, urólogos, andrólogos e incluso químicos. Discutieron diez preguntas clave y llegaron a un pleno consenso. Esto es el resumen.

En primer lugar, un nivel simplemente "bajo" de testosterona en los análisis no es motivo para tratar. Debe haber síntomas: fatiga, disminución del deseo sexual, depresión, problemas de erección. Solo la combinación de síntomas y resultados de laboratorio da luz verde a la terapia.

En segundo lugar, ¿qué se considera un nivel bajo? Si la testosterona total es inferior a 12 nmol/L (o 350 ng/dL), eso ya es serio. Por debajo de este umbral, el tratamiento está justificado si hay síntomas.

En tercer lugar, y esto es quizás lo más importante para quienes temen las hormonas: grandes estudios, incluido el famoso TRAVERSE, han demostrado que la terapia de reemplazo con testosterona NO aumenta el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares o cáncer de próstata. Esto no significa que puedas recetarte inyecciones por internet, pero no hay que temer si se hace bajo supervisión médica.

Para quién es especialmente importante

Si tienes diabetes, sobrepeso o te sientes constantemente agotado, es motivo no solo para medirte la glucosa, sino también para revisar la testosterona. Los expertos subrayan que estas condiciones están estrechamente relacionadas, y tratar una a menudo ayuda a la otra. Por ejemplo, normalizar la testosterona puede mejorar la sensibilidad a la insulina y ayudar a perder peso. Por supuesto, no se debe esperar un milagro, pero a menudo hay cambios.

Y otro matiz: no todos los casos deben ser tratados por un médico de cabecera. Si la situación es compleja, por ejemplo, si se sospecha un tumor hipofisario o hay enfermedades concomitantes graves, el médico te derivará a un especialista. Pero el diagnóstico básico y el inicio de la terapia están al alcance de un médico de cabecera.

Qué hacer ahora mismo

Si te reconoces en esta descripción, no te quedes de brazos cruzados. Pide cita con tu médico de cabecera y habla honestamente sobre tus síntomas: fatiga, disminución del deseo, cambios de humor. Pide una derivación para un análisis de sangre de testosterona (mejor por la mañana y en ayunas). Si el nivel es inferior a 12 nmol/L y tienes síntomas, el médico puede ofrecerte tratamiento. Y recuerda: esto no es una sentencia, sino una condición que se puede corregir. Lo importante es dar el primer paso.

El material tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica.

Material original: Managing testosterone deficiency in primary care: an international expert consensus. — U.S. National Library of Medicine