Cómo los swingers en Indonesia se cuidan entre sí sin médicos
Imagínese: usted tiene una relación en la que el sexo con otras personas no es una infidelidad, sino parte del acuerdo. Pero no puede contárselo a nadie. ¿Cómo cuidar la salud en una situación así, si da miedo incluso decir en voz alta lo que uno hace? Esto es precisamente lo que se estudió en una comunidad cerrada de swingers en Indonesia, donde el autor observó la vida del grupo durante más de un año.
Lo que asusta más que las infecciones
Los participantes decían que su principal riesgo no son las clamidias o el VIH, sino la reputación. Si los vecinos, parientes o colegas se enteran de ellos, las consecuencias serán peores que cualquier enfermedad. Por eso, cuidan su estatus principalmente a través de mecanismos sociales: por ejemplo, verifican a las personas nuevas "a la entrada" y transmiten noticias sobre enfermedades por una red informal. Sin embargo, casi no acuden a los médicos, porque allí tendrían que contar la verdad.
Confianza, palabras clave y reglas propias
Para no traicionarse unos a otros, la comunidad ha desarrollado tres prácticas. La primera es la construcción de confianza: regula a quién se permite entrar en el círculo, cómo negociar el consentimiento y quién responde por las infracciones. La segunda son los límites a través de un lenguaje especial: indirectas y frases clave que solo entienden los suyos. La tercera es la gestión sin jefes: los conflictos se resuelven mediante intermediarios y medidas de presión graduales, no a través de la policía o los tribunales.
Para las mujeres, más estricto
Un detalle interesante: la capacidad de gestionar la propia sexualidad se considera el criterio principal de "propio-ajeno". Pero a las mujeres se las condena más que a los hombres por los mismos actos. Esto influye en a quién se confía y quién obtiene autoridad informal en el grupo.
Por qué esto es importante para todos
Parecería que esto no tiene nada que ver con la gente común. Pero sí tiene que ver: si las comunidades cerradas no acuden a las clínicas, las infecciones pueden propagarse dentro de ellas sin que el sistema de salud lo note. Al mismo tiempo, los participantes no ignoran el riesgo de contagio: simplemente lo gestionan socialmente, no médicamente. Esto no es bueno ni malo, es un hecho que conviene tener en cuenta.
Qué hacer si usted está en una situación similar
En primer lugar, recordar: la confianza no solo tiene que ver con los sentimientos, sino también con la salud. Negocie las pruebas y la honestidad con la misma seriedad que las reglas del sexo. En segundo lugar, aunque parezca que el médico va a juzgar, se puede encontrar un especialista que trabaje sin juzgar: los hay, aunque no en todas las ciudades. En tercer lugar, no piense que "aquí no pasa". El estudio se realizó en Indonesia y sus resultados no se pueden trasladar automáticamente a otros países. Pero la cuestión en sí —cómo cuidar la salud cuando da vergüenza decir la verdad— es relevante en todas partes.
El material tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica.
Material original: 'If trust breaks, everything ends': stigma, risk and the cultural production of care in an Indonesian partner-swapping community. — U.S. National Library of Medicine

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