Después del parto: ¿una oportunidad para reescribir tus reglas sexuales? Lo que aprendieron de mujeres de comunidades religiosas estrictas

Fuente: U.S. National Library of Medicine
Después del parto: ¿una oportunidad para reescribir tus reglas sexuales? Lo que aprendieron de mujeres de comunidades religiosas estrictas
Foto: satyatiwari / Pixabay

Crecer en un entorno donde el sexo es solo para la procreación y solo después del matrimonio, y luego convertirse en madre. ¿Suena como una prueba de resistencia? Precisamente después del parto muchas mujeres se preguntan por primera vez: ¿esas reglas que me inculcaron, ¿son realmente mías? Las investigadoras hablaron con quince mujeres de comunidades maternas religiosas en Estados Unidos y descubrieron cómo cambian sus percepciones sobre el sexo y la intimidad después del nacimiento de un hijo. Adelanto: para algunas, esto se convierte en un punto de reinicio; para otras, es un momento en que las viejas creencias se fortalecen.

Por qué el parto no es solo noches sin dormir

Cuando un bebé llega a la familia, todo cambia: el cuerpo, la rutina, los roles. Pero pocos hablan de que también es un momento de verdad para tus creencias sexuales. Si desde la infancia aprendiste que tu cuerpo es un recipiente de pecado y que el deseo debe controlarse, después del parto, cuando el cuerpo cambia de manera impredecible y el sexo puede causar dolor, estas creencias se agrietan. Las investigadoras identificaron cuatro puntos clave donde los viejos guiones se revisan: los cambios corporales, el dolor durante el sexo, la comunicación con el esposo y la reinterpretación de la fe. Y así es como ocurre en diferentes mujeres.

El cuerpo después del parto: ¿enemigo o aliado?

Para muchas mujeres de entornos conservadores, su cuerpo siempre ha sido una fuente de vergüenza, ya sea demasiado revelador o demasiado pecaminoso. Pero después del parto, el cuerpo de repente se vuelve... ¿digno de respeto? ¡Ha llevado y dado a luz a un bebé! Algunas mujeres contaron que fue así como se miraron por primera vez con gratitud, no con condena. Pero en otras, ocurrió lo contrario: el vientre flácido, los puntos, los senos cambiados intensificaron la sensación de que algo andaba mal con su cuerpo. Y esto afectó directamente cómo se sentían respecto al sexo: las afortunadas lo veían como una forma de conectarse con su esposo, mientras que las que sentían vergüenza evitaban la intimidad.

El dolor no es un castigo, sino una señal

Otro tema es el dolor durante el sexo después del parto. Muchas mujeres de este entorno lo percibían como un castigo por los pecados de la juventud o como algo que "hay que soportar por el esposo". Pero aquellas que pudieron hablar de ello con un médico y recibir una explicación adecuada (por ejemplo, sobre la falta de lubricación o los cambios hormonales) dieron un paso para dejar de considerar el sexo como un castigo. La investigación mostró que el acceso a términos médicos y atención es uno de los principales factores que ayudan a las mujeres a revisar sus creencias. Cuando el dolor deja de ser un secreto y recibe un nombre, se puede trabajar con él.

Hablar con el esposo: ¿avance o abismo?

¿Qué ocurre en la pareja cuando una mujer intenta explicar que ahora no le apetece tener relaciones o que necesita más cariño? Para algunas mujeres, la conversación se convirtió en un momento de intimidad: el esposo estaba dispuesto a escuchar, y juntos "reescribieron" las reglas, por ejemplo, decidieron que el sexo no tiene que ser todas las noches, sino que puede ser una forma de redescubrirse mutuamente. Pero también hubo quienes se enfrentaron a la incomprensión: el esposo insistía en el "deber conyugal" y la mujer se sentía aún más sola en su vergüenza. Así que el segundo factor clave es la seguridad en la relación: si puedes decir "no" y te escuchan, los viejos dogmas se debilitan.

La fe: ¿ancla o jaula?

Curiosamente, la fe no siempre fue un obstáculo. Las mujeres que encontraron flexibilidad en su religión, por ejemplo, la idea de que Dios creó el sexo también para el placer, pudieron replantear sus creencias sin romper con su comunidad. Otras, en cambio, solo escuchaban postulados sobre la obediencia y el sacrificio. Y esta división entre "una fe que ayuda" y "una fe que oprime" resultó ser el tercer factor clave. Resulta que no se trata de la religión en sí, sino de cómo se interpreta alrededor de la mujer.

¿Qué significa esto para todas nosotras?

Este pequeño estudio no es la verdad absoluta, sino más bien una conversación sobre que, después del parto, la mujer se encuentra en una encrucijada: las viejas reglas del sexo o bien se convierten en una jaula, o bien se vuelven material para una relación nueva y más honesta. Si te reconoces en esta historia, vale la pena reflexionar: ¿con quién puedes hablar de tus sensaciones sin ser juzgada? ¿Quién te ayudará a entender el dolor? ¿Y qué de tus creencias es realmente tuyo y qué es impuesto? Quizás ahora sea el momento de preguntarte: ¿según qué reglas quiero vivir de ahora en adelante?

El material tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica.

Material original: Postpartum as a site of sexual script renegotiation and intensification among women socialised within purity culture. — U.S. National Library of Medicine